Universidades deben innovar esquemas para impulsar la investigación en todas las ramas del saber.
Dra. Ruth Moya, Dra. Rebeca Castellanos y un grupos de estudiantes universitarios |
De estatura pequeña (1.30 m), pero con una alocución clara y
firme, Thomás Vázquez, estudiante del quinto ciclo de Administración de
Empresas de la Universidad Católica de Cuenca, apoyado por su bastón, expuso su
trabajo investigativo mediante el cual quiere echar a andar un proyecto de la
Asociación de Personas con Discapacidad del Azuay, que tiene como fin crear un
centro de rehabilitación para discapacitados, el cual lleva varios años en el
intento.
La ponencia del estudiante afectado por una luxación de cadera, discapacidad
congénita, resultó muy motivante en el marco del I Congreso Nacional de Jóvenes
Investigadores, en el que participan unos 350 estudiantes varias universidades
del país, del cual la Universidad Católica es anfitriona.
Se ha investigado sobre las necesidades de este sector poblacional, los costos
de los servicios y las razones por las que no ha prosperado esta iniciativa,
descubriendo que sobre todo hay falta de decisión y firmeza de los socios. Hay
que estar convencidos de lo que se quiere, la discapacidad física no es un
obstáculo para llevar a la práctica importantes ideas, recalcó Vázquez.
Lenguas
La quiteña Ruth Moya, lingüista y pedagoga, llamó la atención a
los estudiantes para que se interesen por las lenguas. Es importante, dijo,
analizar porqué las lenguas originarias van siendo desplazadas por el
castellano y su habla se va reduciendo a espacios de la comunicación doméstica.
El sistema de educación superior establece que debe haber tres grandes ámbitos
del quehacer universitario: uno, la formación profesional; dos, el de la
investigación, y el tercero el de la vinculación con la sociedad. Sin embargo,
todos marchan a la par, tanto que el segundo es un tema rezagado por varias
razones. Una de ellas, es que la formación de los estudiantes no necesariamente
se orienta a ser investigadores. Entonces, las investigaciones están vinculadas
sólo a procesos de graduación, explicó Moya.
Para Christian Muevecela, oriundo de Cuenca y alumno de la
Universidad Nacional de Educación (UNAE), el congreso es valioso en cuanto a
generar conciencia y espíritu investigador en los estudiantes.
Como alumno de la carrera de educación intercultural bilingüe, él ha hecho investigaciones
en Tenta-Saraguro y en Nabón-Ayaloma. Asegura que la lengua quichua no ha
muerto. Está en la memoria de algunas personas de las comunidades, y es uno de
los dos idiomas de la relación intercultural a nivel de país, por lo que se le
ha dado importancia y ha resistido.
Sin embargo, a nivel de instituciones y de pueblos, son solo los abuelos los
que lo hablan y ya no los niños.
Se
propone incursionar en el sistema de educación con materiales pedagógicos como
cuentos y mitos, para que los niños puedan aprender desde su lengua y
cosmovisión propia.
Visiones
Ámbitos
Hasta ahora, según Ruth Moya, la poca investigación en las
universidades ha dedicado más atención a las ciencias sociales, pero en forma
desigual; otros temas han sido de historia, y ecosistemas.
Limitantes
“El Estado debe invertir en formación de jóvenes críticos. Te
obligan a investigar algo en 11 meses y eso es una limitante, más si los profes
no estás disponibles”. Jhoanna Villamarín, Universidad Central.
Carga horaria
El docente en la Universidad Técnica de Machala, Enrique
Espinoza, cree que la investigación en las universidades llega solo al
diagnóstico. Una de las causas es que los docentes no tienen carga horaria para
investigación.
Cambios
La ley exige a las universidades invertir un porcentaje de su presupuesto en
investigación formativa (estudiantes) y aplicativa (docentes), pero poco se
cumple. Es escasa la producción de revistas científicas.
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