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José Manuel Castellano Gil |
El ambiente de inestabilidad en la frontera
ecuatoriana-peruana en 1941 y los constantes rumores de un eminente conflicto
crearon un clima de alarma social en la provincia de El Oro. A principios de
julio de 1941 las portadas de los principales periódicos daban por hecho un
estado real de guerra: “Chacras, Balsalito, Guabillo, Aguas Verdes, Quebrada
Seca, Carcabón y Arenillas habían sido las primeras plazas en ser ocupadas por
el ejército peruano”. Y a partir de ese momento se propagaba la idea que Santa Rosa,
Machala y Puerto Bolívar serían los siguientes objetivos de las fuerzas
peruanas.
El continuo avance militar sobre territorio
ecuatoriano, las constantes violaciones del espacio aéreo y las grandes
concentraciones de tropas en la frontera con Loja anunciaban un eminente ataque
peruano con la participación de fuerzas combinadas de tierra, mar y aire. Esta
situación llevó al gobierno de Ecuador a denunciar en foros internacionales los
actos de agresión cometidos por las fuerzas invasoras y encendió un sentimiento
patriótico en muchas localidades del país, a través de enérgicas
manifestaciones de rechazo y protesta social que demandaban armas para “castigar al agresor” y defender la
integridad nacional.