
Sin duda
alguna, conviven muchos otros especímenes variados en esa fauna de tinieblas
pero las líneas que siguen van dedicadas a mujeres y hombres que viven en la
luz y que iluminan a los demás, que nos enseñan en valores, que nos animan a
soñar, a volar, a amar, a acariciar los sueños y a abrazar las utopías desde la
sencillez, desde el compromiso y desde la consideración al otro. No son dioses
pero casi, son simples poetas, mujeres y hombres de carne y hueso, de extrema
sensibilidad, de pasiones encendidas y luchadores por la vida y la libertad.
Estas palabras
van dirigidas especialmente para Catalina Sojos, Francisco Viña, Jorge Dávila
Vázquez, Cecilia Domínguez Luis, Iván Petroff, Fernando Senante, Sara Vanegas,
Rubén Díaz y Luis Almeida, grandes poetas y poetisas pero especialmente grandes
mujeres y hombres por encima de todo, que a pesar del largo camino que han
recorrido en su carrera literaria se muestran humildes y ansiosos de aprender
de los demás. Uno que ya es perro viejo y que peina canas no quiere pasar por alto
ese ejemplo y esa enseñanza que nos ofrecen: respeto, sencillez, humildad y
humanidad hacia el otro ¡Chapeau!
José Manuel Castellano
Cuenca (Ecuador) agosto de 2020
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